Mozart’s Magic Flute has an alter ego…

In the ongoing production of Mozart’s The Magic Flute at the Teatro Nacional Sucre of Quito, Ecuador, the opera takes a new garb in my transcription for an orchestra of Andean instruments, following the foundational concept of 2008 by the music director of the Orquesta de Instrumentos Andinos, Segundo Condor, who died without completing it.  The process enjoyed wonderful assistance by artists affiliated to the Teatro and the Orquesta, Tadashi Maeda and Leonardo Cárdenas, among others. The paradigm of the alter ego is also played in the choice by Chia Patiño,  artistic director of the Teatro Nacional Sucre (also the stage director for this production) to recreate the libretto with Andean legends in Spanish and Quichua, and represent the non-human characters with puppets. It has been a great adventure.  Kudos to Chía Patiño and her team! Below, my program notes for the event (in Spanish):

Las mascaras de la reina

La Transcripción Musical de La Flauta Mágica de los Andes.

Carmen-Helena Téllez

En el ejercicio de la música popular, la transcripción musical mantiene un rol central, ya que todos los intérpretes realizan regularmente versiones de piezas instrumentales y canciones de otros composiores para la satisfacción de su público. El arte de la transcripción también ocupó un lugar importante en la formación de los músicos europeos, en el ámbito de lo que hoy llamamos la musica clásica, hasta principios del siglo 20.  Transcribir una partitura de un instrumento a otro formaba parte de la formación de los compositores, quienes copiaban y variaban el trabajo de grandes maestros para captar su manejo de la polifonía y armonía, asi como el comportamiento de los instrumentos. También la transcripción servía para adaptar una obra antigua al gusto del momento. El mismo Mozart transcribió y adaptó obras de Johann Sebastian Bach y George Frideric Handel.  Famosa es su adaptación del Mesias del compositor germano-inglés, pasándola de la orquesta barroca con sólo cuerdas, oboes y trompetas a la orquesta clásica con familia completa de vientos en pares, cornos, y trombones. El resultado constituyó una obra maestra del arte de la transcripción, transformando la obra original al gusto de sus contemporáneos y revelando sus tesoros.  Después de la Revolución Francesa, a medida que los compositores se abrieron mercado más allá de las cortes aristocráticas hacia el nuevo público de la alta burguesía, las transcripciones de Franz Liszt y otros virtuosos del piano permitieron dar a conocer sinfonías y óperas a través de los territorios europeos más allá de su lugar de estreno, mucho antes de que apareciera la tecnología de la grabación sonora.  Virtuosos adoptaban las composiciones de otros instrumentos para ampliar su repertorio y su formación estética, como sabemos de las suites de laúd de Bach adaptadas a la guitarra, o las de violonchelo adaptadas a la marimba. Esta práctica persiste a medida que nuevos intrumentos se integran al mundo de la música clásica.

 

El arte de la transcripción perdió mucho de su prestigio durante el siglo 20, especialmente en los años del modernismo radical después de la Segunda Guerra Mundial, en las décadas de los 60, 70 y 80. Las aspiraciones modernistas que le daban prioridad a la innovación y originalidad promovieron la superioridad de una partitura incorrupta por las anotaciones de otros. Esta actitud sobrevive entre muchos críticos y oyentes, a pesar de que compositores íconicos del modernismo, como Anton Webern y Luciano Berio, experimentaron con el arte de la transcripción. Algo de la sensibilidad del que transcribe ha renacido en las corrientes postmodernas de la composición musical de nuestros días, a través citas directas o modificadas, collages, y reinterpretaciones del material original de otro creador.  La etnomusicología, en su estudio de la música popular, ha abierto una reconsideración de la transcripción y el arreglo musical, ya que en efecto los compositors populares, tanto tradicionales como urbanos, meditan, recrean y transforman músicas preexistentes con creatividad extraordinaria.

 

Nuevas tendencias de investigación musicológica están reconsiderando los méritos del arte de la transcripción en la música clásica, como lo refleja la reciente conferencia ‘Rethinking Musical Transcription and Arrangement’ (Repensando la Trascripción y el Arreglo Musical) este pasado mayo del 2018 en la Universidad de Cambridge.  En su invitación a participar, los organizadores resumieron persuasivamente los objectivos del arte de la transcripción y arreglo musical como la oportunidad de “re-inscribir materiales musicales preexistentes dentro de contextos históricos, culturales y estéticos nuevos y frescos,” y propusieron el análisis de esta práctica bajo criterios amplios e inclusivos. Citando al musicólogo y filósofo francés Peter Szendy, definieron el arte de la trascripción y el arreglo como la oportunidad de “oír a otros oyendo” o “ escuchar a otros escuchando,”  con la idea de que al transcribir estamos buscando conectar con la conciencia de un espectador de otro tiempo y otro espacio distinto al de la obra original.

 

La maestra Chía Patiño, directora artística y ejecutiva del Teatro Nacional Sucre, afirmó estas referencias históricas y reconsideraciones innovadoras al proponer a todos sus colaboradores una adaptación de La Flauta Mágica de Mozart dentro de un contexto cultural y musical andino. Como toda transcripción, nos ha abierto la oportunidad de atraer a nuevas audiencias a la experiencia de una obra icónica del universo musical. La Flauta Mágica prueba su calidad de obra magistral al poder expresar su belleza y su mensaje aun transferida a otro idioma, momento histórico y contexto ideológico, y la vez, revela nuevas facetas que, en realidad, son ancestrales y compartidas por toda la humanidad.

 

Igualmente, la transcripción musical debió realizarse desde una postura de total humildad y co-creatividad,  debido a la importancia del original, y partiendo del primer boceto dejado por el Maestro Segundo Cóndor, director musical de la Orquesta de Instrumentos Andinos, quien enfermó y murió durante la primera etapa de su trabajo. En su concepto, la Orquesta de Instrumentos Andinos efectuaría una transcripción fiel de la polifonía y armonía de Mozart. En el trabajo de seguimiento que realizamos a partir de dicho boceto, se consideraron opciones de integración de algunos ritmos autóctonos, sobre todo en las piezas de corte popular que el mismo Mozart había incluído en la ópera. Estas piezas destinadas a Papageno y Monóstatos se perciben como parte del estilo clásico por el espectador de nuestros días. Pensamos que un toque sutil de fusión con la música popular andina destacaría ante el espectador moderno las distinciones musicales, ahora desapercibidas, que Mozart dió a ciertos personajes.

 

De manera fascinante, la traducción de un tipo de orquesta a otra nos reveló perspectivas que tal vez no se pudiesen obtener por ningún otro proceso, convalidando el mérito de la práctica de la transcripción como parte de la investigación sobre el estilo de un compositor. En primer lugar, se aprecia la realidad de que la Orquesta de Instrumentos Andinos refleja todo un proceso histórico de asimilación y transformación de tradiciones e influencias culturales, ya que algunos instrumentos son originarios de los Andes, (como quenas y zampoñas), otros vienen de Europa (guitarras), y otros son adaptaciones de instrumentos europeos a los recursos de nuestra región (charangos, arpas criollas). En resumen, la orquesta es un testamento a la validez de los procesos de traducción e integración de corrientes musicales en constante movimiento.

 

Por otra parte, la transcripción nos permite percibir de manera muy íntima que, más allá de la variadísima banda de instrumentos, la familia de los violines, violas y violonchelos sigue siendo el corazón melódico de la orquesta mozartiana en La Flauta Mágica. En esta adaptación, este corazón ahora viaja por mandolinas, tiples, guitarras, marimbas y quenas. Igualmente, el teclado continuo es frecuente en otras óperas de Mozart, y aunque no está requerido en La Flauta Mágica, sigue teniendo el potencial de servir como un segundo director musical en el caso de una transcripción como la nuestra, como una memoria de los clavecines que en una época ocupaban un puesto importante en hogares y misiones de Sur América.    A la vez, las quenas y las zampoñas llevan el manto del color y la expresividad de Los Andes que todo el mundo admira. Es por eso que, en nuestro caso, la flauta mágica será una quena mágica, y con ello acarreará los mensajes espirituales de esta obra maestra, de manera muy cercana a nuestra sensibilidad y cosmovisión andina.

 

 

 

 

 

 

 

 

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